Quiero invitarlos a todos al amor

Déjenme hablarles a ustedes solos.
Déjenme que les hable de lo que yo sé hablar,
de lo que yo quiero hablar.

Hablemos del amor de Dios.
Un acto de amor a Dios vale más que un lucero.
Un acto de amor a Dios vale más que la paz universal.
Un acto de amor a Dios vale más
que todos los proyectos,
que todos los éxitos,
que todos los triunfos.

Hablemos del amor de Dios.
Yo quiero hablarles de Ti, Dios mío.
De tu infinito amor,
de tu infinita belleza,
de tu infinita ternura.

Quiero invitarlos a todos al amor.
Quiero invitarlos a todos a sumergirnos
en el abismo de Dios,
de su infinita grandeza,
de su infinito perdón,
de su infinita misericordia.

Quiero decirles a todos ustedes
que aprendamos a dar gracias,
porque Dios nos rodea de su amor
y de sus bienes.

¡Quién te pudiera amar, Dios mío!

¿Quién pudiera cumplir tu voluntad
momento tras momento?
¿Quién pudiera no olvidarte?
¿Quién pudiera hacerlo todo por Ti,
no alejar el pensamiento de Ti?
¿Quién pudiera tener una idea clara de Ti?

Todo lo demás es nada.
Todo lo demás no llena.
Todo demás da nostalgia.

Cuando yo pienso en Ti,
me siento satisfecho y calmado.

Nos hace falta tu amor.
En Colombia nos hace falta tu amor…
Tenemos ríos,
tenemos minas,
tenemos esmeraldas,
tenemos café,
tenemos algodón,
tenemos petróleo,
pero nos hace falta el amor.

¿Dónde encontraremos un amante de Ti,
oh Dios?

¿En qué palacio o en qué ranchito?,
¿en qué capilla o en qué salón?
¿En qué situación podemos encontrar
un amante tuyo,
para ir todos a preguntarle el camino,
el método
de encontrarte y de sumirnos en Ti?

¡Dime, oh Dios adorable!
¡Dime, oh Belleza infinita!
¡Dime, oh infinita Realidad!

¿Por qué camino yo debo caminar
para encontrarte?
¿Por qué sendero debo marchar
para hallarte?

¿Qué condición me pones
para lograr tu amor?

¿En qué convento se halla tu amor,
para ir allá?
¿En qué playa se halla tu amor?
¿En qué rostro?
¿En qué lucha?
Dime, ¿qué libro me habla de tu amor?

Dime algo, Dios mío.
Necesito encontrar los rastros tuyos
en alguna parte.
Los rastros claros,
los rastros definitivos.

Dime algo, Dios mío.
Oh santísimo Dios,
te estoy gritando desde la Tierra.
Todo me parece nada,
en comparación de Ti.

Dime algo, Dios mío.
Haz que yo oiga tu voz.
Haz que yo sienta tus manos.
Haz que yo sienta tu amor.
Haz que yo encuentre tu rastro.

Dime algo, Dios mío.
No soy nada y, sin embargo,
me muero de deseos
de seguir tus rastros,
de agradecerte,
de sentirte totalmente cercano…