El amor en el hogar

Dios quiere que el amor exista en el hogar. No un amor solamente espiritual o un amor sólo de amistad, sino un amor de carne y de sangre, que se eleva hacia una realidad más grande que las cosas humanas: hacia el amor de Dios por la humanidad, hacia el amor de Dios por sí mismo. El amor puede ser una máscara... El amor puede ser una cruz...

El amor puede ser un paraíso... En muchos hogares, se cree que hay amor... y lo que hay es una máscara...

En muchos, no hay amor sino un pasatiempo... Es la máscara de una distracción... de lo infantil de un amor que es un juguete, pero no es amor... En otros el amor es simplemente placer. No hay amor. Este toma la máscara del placer y se llama amor... pero no lo es...

Existe también otro falso amor: tiene la máscara del interés... A veces el amor se presenta como una evasión... como algo que se busca... a manera de un calmante, de un soporífico... pero no es amor.

Esta falsa máscara de amor brota siempre en la pobreza de dos almas. O en la impureza de dos almas. O en el orgullo de dos almas...

Lo contrario de esta máscara de amor brota en dos corazones, cuando son espirituales, cuando se aman ante los ojos de Dios. Son dos almas que se aceptan íntegramente, con su cuerpo y con su alma.

Son dos almas que se compenetran cuando las dos carnes se unen. Son dos seres que se unifican de tal modo, que brota entre ellos un misterio de pudor, de ternura y de mutua donación.

La fórmula de la Iglesia católica es maravillosa: el marido es a la mujer lo que Cristo es a la Iglesia. A través de su unión mutua, el hombre y la mujer deben darse a Dios... bajo especies diferentes, como dijo un poeta.

El hombre espera de la mujer algo divino, debe recibir de ella algo de Dios... y lo mismo la mujer... debe encontrar en el hombre algo de Dios.

Examinémonos un instante... ¿En nuestro hogar hay amor verdadero...? ¿No será nuestro amor una máscara falsa...? ¿Máscara de placer...? ¿Máscara de interés...? ¿Máscara de un pasatiempo o de una evasión...?

¿Los esposos que me leen sienten con toda verdad que, al darse el uno al otro, se dan a Dios... bajo especies diferentes...? ¿A Dios...? ¿O simplemente es un vano placer...? ¿O simplemente es egoísmo…? 


(Libro: García Herreros, Rafael, "El Matrimonio y el hogar".
Colección Obras Completas No. 1. Bogotá, 2a edición, Bogotá, 2016)